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Asociacion Platense de Pesca Con Mosca

Si te estás iniciando o te queres iniciar, si tenes algunos o muchos años en la pesca con mosca, acercate a la Asociación Platense de Pesca con Mosca!!!. Encontranos en http://www.mosqueroplatense.com.ar - Te esperamos!!!

 

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Fernando Beltran Imprimir
Personas y Reportajes
Escrito por Juan Esteban Alvarez   
Miércoles, 19 de Mayo de 2010 17:09

Fernando Beltrán es ingeniero agrónomo, tiene 40 años y desde los 15 ha participado en actividades medioambientales de distinta índole, marcadas por un fuerte compromiso hacia la conservación y la docencia. Desde Amazonia a las cumbres nevadas de la cordillera patagónica, ha protagonizado numerosos viajes, documentando a través de la fotografía y el papel los más diversos ambientes.
Docente universitario a lo largo de una década, ha difundido la importancia de preservar a través de medios televisivos, audiovisuales y gráficos. Dicta cursos completos de pesca con mosca desde hace 22 años. Es Guardafauna provincial honorario desde 1994, y ha cofundado y dirigido ONG’s relacionadas con la pesca deportiva y la conservación ambiental (Asociación Achala y Grupo Los Espinillos), asesorando y participando activamente en la regulación del recurso Salmónidos y en la elaboración de legislación y reglamentos para la práctica de la actividad. Ha diseñado y puesto en marcha numerosos programas ecoturísticos en distintos puntos de las sierras cordobesas, y ha sido responsable de la selección, entrenamiento y dirección de equipos de recreación en repetidas ocasiones en diferentes empresas. En los últimos años se ha dedicado a desarrollar junto a su esposa su propio proyecto de servicios ecoturísticos (
www.wentenecoturismo.com.ar), con un fuerte hincapié en pesca con mosca y programas de trekking de características diversas. Además, se desempeña como guía de pesca con mosca para distintas empresas, desarrollando su trabajo en lugares diversos, tales como los Esteros del Iberá, Tierra del Fuego y la Amazonia boliviana.

 

¿Cómo empezaste a pescar con mosca y cómo viviste esa etapa?

En mi familia nadie de mi entorno cercano pescaba, a excepción de un tío con el que podía compartir de vez en cuando alguna salida al lago Los Molinos, pero a las truchas y al universo que las envolvía sólo podía verlos en alguna que otra revista.  Me fascinaba leer y tratar de desentrañar ese halo de tecnicismo y de misterio, ver y pensar en poder usar algún día esos extraños reels circulares y planos, poder entender cómo volaba una línea, cómo se construía una mosca …  Así que cuando cumplí 15 años, le pedí a Papá que como regalo me llevara a pescar truchas. Encontró a un vecino que pescaba un poco con lombriz y un poco con cuchara, y entonces partimos a las Sierras. Caminamos, descubrí esa sensación que amé para siempre de transitar un río de nadie, solo, con el agregado de que 25 años atrás, con mucha menos gente y menos progreso, esa vivencia era más profunda, más fácil de hallar en un montón de lugares. En la tarde de ese día, en un pozo que hoy está igual que entonces (fuí a verlo hace poco), un hombre hacía volar una línea hacia atrás y adelante, una y otra vez, hasta que en algún momento la depositaba suavemente en el agua. En poco tiempo cobró una trucha, se agachó, la tomó con cuidado, le sacó el anzuelo y la devolvió al agua. Y yo supe entonces que quería hacer Eso para siempre. Ese hombre era Rubén Finocchiaro (el querido Flaco Fino, como todos lo conocían) que ya no está entre nosotros, y de alguna manera creo que interpretó esas ganas que se me escapaban por todos lados, con una generosidad que recordaré siempre. Me acompañó a comprar algo de lo poco que había, entre lo que sobresalía una caña horrible en todo sentido, pero que todavía conservo. Es una banana de fibra de vidrio que se curva con el solo hecho de su propio peso, y fue una escuela para mí, un reto que tuve que sortear, porque no tenía otra cosa, así que me las ingenié para aprender a tirar y a pescar con esa caña. Recuerdo que saqué mi primera trucha con mosca –una arco iris que habrá tenido 12 o 15 centímetros- en el vado del río Las Juntas, en un viaje familiar a Catamarca. Tenía una ninfa apenas aceptable y una línea sinking, y pescando río abajo en una corredera diminuta saqué en un rato como una docena. Eran todos juveniles, pero recuerdo aun el sabor de aquel triunfo, aquella sensación de felicidad intransferible. Conocí en esos comienzos –gracias también al Flaco Fino- a un puñado de personas que practicaban en el parque, con ideas muy fuertes, muy diferentes, y entre ellos conocí a un hombre con una personalidad dura, aparentemente inabordable, taxativo, terminante, enormemente exigente, enormemente lúcido. Era Gustavo Prato. El fue para mí muchas cosas, pero sobretodo el Maestro, con esa M mayúscula que se encuentra pocas veces, porque transitamos destinos llenos de seres que pueden instruír, pero cruzamos a muy pocos capaces de Formar, más allá del conocimiento puro. Gustavo me transmitió lo que a mí me gusta llamar “El Humo”: a través de una especie de adopción, de un proceso de amistad forjado en innumerables tardes después del colegio, en las que me iba a su casa en colectivo a llevarle las moscas que ataba cada día, a pedirle que me corrigiera, a escucharlo. Tomábamos mate, y yo comprendí la Esencia a través de sus enseñanzas, en cada una de esas charlas. Ahí encontré los valores y las respuestas  que yacen mucho más allá de lo deportivo y de lo técnico, en un camino que va por otro lado.   Casi siempre insistía en llevarme de regreso,  y en esos viajes, siempre más cortos de lo que me hubiera gustado, nos hicimos Amigos. Se fue demasiado prematuramente, y el paso de los años no se ha llevado su influencia y su imagen. Lo extraño de un modo intemporal, y se me siguen cayendo algunas lágrimas cada vez que lo recuerdo. Tengo que agradecer a un montón de personas que me regalaron su generosidad y su saber en el camino de la pesca con mosca, pero Gustavo fue mi Maestro.  Después vinieron los cursos –primero asimilados y después dictados- , los viajes, las instituciones, el compromiso con la conservación, la difusión, el esfuerzo por multiplicarlo .

Imagino que en aquel momento hablar de conservación no era fácil, ¿cómo fue que crearon la Asociación Achala y el Grupo los Espinillos?

La Asociación Achala surgió como resultado de la efervescencia de un puñado de pescadores  inquietos, con ganas de hacer cosas y con ideas interesantes, muchas de ellas avanzadas para el contexto y la época. Después de un tiempo pasó lo que conduce a malograr el funcionamiento de tantos grupos humanos, independientemente de cual sea la actividad o el motor que los une: los protagonismos personales que empiezan a anteponerse a los objetivos grupales, cuando en realidad el único modo de conseguir un funcionamiento saludable y sostenible en el tiempo es inculcar en todos los estratos de una institución que los individuos deben estar en función del Grupo y no este subordinado a las personas. Cuando las bases y los fundamentos de la creación de Achala empezaron a desdibujarse, algunos de los fundadores renunciamos, frente a la imposibilidad de sostener el rumbo que habíamos asumido, al que habíamos apostado. Inicialmente los disidentes fuimos cuatro, y  la reacción casi inmediata fue seguir haciendo, canalizar esa frustración, no darle la espalda a la convicción de que había que darle forma a algo. Yo tenía 20 años, y junto a Eduardo Romano, Alberto Covarrubias y Fernando Tártara seguimos compartiendo y desarrollando una visión parecida, dando forma a algo que nos permitiera seguir disfrutando y devolviendo algo a cambio al mismo tiempo, motivados también por la situación atroz del recurso Salmónidos en Córdoba: para citar algo que puede ser ejemplificativo por sí solo, allá por los inicios de los ’90 el reglamento provincial permitía matar DIECISÉIS ( 16 ) TRUCHAS POR DIA Y POR PESCADOR, cuando en Patagonia ya se permitían solamente una o dos capturas por día en muchos ámbitos. Decidimos que lo más acertado era tener una sede a orillas de algún río que pudiéramos cuidar, nos ocupamos de escribir una especie de Manifiesto que expresara la Ideología que debíamos respetar y seguir, sentamos esos fundamentos y en paralelo hicimos una salida a Los Espinillos y trazamos los cimientos de lo que hoy es la Cabaña. Así fue como se gestó primeramente y después vio la luz la creación formal del Grupo Los Espinillos.

¿Crees que hoy en día es más fácil o más difícil hacer lo mismo?

Ambas cosas. Es más fácil desde el punto de vista de poder utilizar herramientas que hace 15 o 20 años ni siquiera existían: Internet, la posibilidad de penetrar, acceder y difundir a través de redes sociales, así como de gestionar recursos a través de eso.  De hecho, hay muchos ejemplos de ONGs que hacen un uso exitoso de eso en otros ámbitos. Hay también una masa que pesca con mosca infinitamente mayor, es fácil vislumbrar el crecimiento casi exponencial de la actividad en los últimos años. Pero también es más difícil, porque la conjunción de un montón de factores cuyo análisis excede a la pregunta, hacen a que el pescador promedio tenga una voluntad de participación mucho menor, respecto a la actitud para comprometerse grupalmente y tomar responsabilidades concretas a mediano y largo plazo.

¿Cómo surge tu actividad de guía de pesca?

De un modo natural, casi espontáneo, porque cuando has estado participando activamente en difundir, enseñar, cuidar, pescando con mosca durante casi dos tercios de tu vida, la opción de profesionalizarlo en algún sentido –guiar es una de las formas- está siempre cerca. Yo he guiado de manera discontinua, digamos que informalmente, desde hace muchos años, y entonces la decisión de tomarlo como una actividad laboral concreta y de darle la formalidad que requiere es simplemente dar un paso.

Has guiado en distintos ámbitos y a mosqueros de distintos lugares del mundo, ¿cómo ves a los mosqueros argentinos en general respecto a los extranjeros?

No creo que sea posible hacer esta comparación,  porque el circuito de los lodges, por cuestiones fundamentalmente económicas, congrega a pescadores con un  perfil común que no es representativo de la mayoría mosquera en absoluto. El pescador de lodges pertenece usualmente a un rango etario alto – digamos por encima de los 55 o 60 años- , dispone de mucho poder adquisitivo y poco tiempo,  y si no está jubilado o retirado y no tiene por ende la suerte de “trabajar de pescador”, muchas veces pesca y se desenvuelve en condiciones de presión intelectual y/o anímica que acaban atentando contra su desempeño y le restan chances  en el río. En definitiva, hay tanto entre los extranjeros como entre los mosqueros locales, mejores y peores pescadores, mejores y peores casters, pero no creo que pueda hacerse una comparación contundente que arroje resultados sólidos para uno u otro lado entre argentinos y extranjeros, simplemente porque he visto que hay de todo en todas partes.

Si tuvieras que elegir un río para pescar truchas y un río para pescar dorados, ¿cuáles serían y porqué?

Es una linda pregunta, pero, por suerte, no puede cosechar una respuesta.  Siempre he concebido a la pesca como una especie de instrumento para forjar alguna cosa trascendente; una herramienta, que puedo utilizar para viajar, descubrir, fotografiar, escribir, compartir y documentar vivencias para siempre. Para mí la pesca como actividad, o como resultado, es sólo parte de un Todo mucho más amplio y màs trascendente. Nunca me importó la cantidad ni el tamaño de los peces, porque ese nunca fue, no es ni nunca será el propósito o fin de Mi Pesca. Si hay peces y puedo capturarlos mucho mejor, porque amo enfrentar esa competencia sana, pero ésa es solo una pieza más del rompecabezas. La seducción y la magia de Pescar tiene para mi un sinnúmero de otros ingredientes de igual peso e importancia que un pez abandonando mis manos: los entornos, la estética presente en cada recodo y cada piedra, un fuego hombro con hombro con indígenas que me enseñan palabra por palabra su lenguaje, las criaturas y los cielos que habitan cada lugar, cada rincón, cada nuevo destino. Pesco por Eso, y desde esa visión, es simplemente imposible elegir un río o una especie, porque todas las experiencias, cada una, me regala algo propio que no puede replicarse.

¿Qué significa el Río los Espinillos para vos? ¿cómo ves el futuro del río para los próximos años?

El Río de Los Espinillos es un montón de cosas, imposibles de sintetizar en una sola o unas pocas palabras. Gran parte de mi formación como pescador con mosca aconteció ahí, no sólo desde lo técnico, sino en un sentido mucho más trascendente, porque fue el lugar físico en donde pude, en un entorno ideológico y humano que no volverán a repetirse, traducir en consecuencias tangibles aquel “Humo” que mencioné anteriormente. El aprendizaje y la puesta en marcha de un movimiento, una forma de ver la actividad mucho más allá de un modo de pescar o un mero pasatiempo. Eso fue lo que convirtió a “El Espinillo”, así en singular como todos lo conocen, en la expresión palpable de una visión, elevada por encima de personas, nombres y el Grupo mismo, que consiguió su propósito fundamental: dispersar la idea para replicar modelos similares, no necesariamente en las formas sino en el fundamento; fomentar para que otras organizaciones de pescadores tomaran el concepto de la importancia de gestionar coherentemente y promover la conservación de un recurso que en Córdoba siempre ha sido frágil, desde muchos puntos de vista, pero sobre todo desde la idiosincracia del pescador y el funcionario promedio respecto de las truchas. En ese camino,ese río ha sido maestro, escuela, desafío, cobijo, una casa, laboratorio, escenario y reflejo de una historia hecha de un montón de decisiones y prácticas a veces certeras y a veces erróneas, pero que en conjunto hacen un resultado enorme.
Respecto al futuro, creo que es promisorio, con buena pesca por delante, pero al mismo tiempo, con la sombra siempre inminente de lo que el progreso significa en su sentido más objetivo: modificación de ambientes, generación de residuos, contaminación visual y sonora, y afluencia paulatina de seres humanos carentes de un sentido de pertenencia con el entorno y por lo general con un comportamiento irresponsable respecto a las reglas básicas que se necesitan para mantener un ambiente natural sin grandes alteraciones. Para evitar especulaciones o supuestos de cualquier tipo, tiene sentido aclarar que esta última reflexión excede al río de Los Espinillos, ya que no me estoy refiriendo a su caso en particular sino a una mezcla de temor y preocupación generales que tengo hace tiempo, con base en situaciones que ya he visto o vivido. El enclave de “clubes de campo” o “countries de montaña” en àreas serranas que hasta hace poco tiempo podríamos haber considerado prístinas o el lidiar diario con propietarios de nivel socio- cultural supuestamente elevado involucrados en áreas de captura y devolución que se resisten a cumplir y se revelan ante la legislación, son sólo un par de ejemplos que pueden servir para clarificar lo que menciono. A mi criterio, el desafío en un futuro cercano para preservar niveles saludables y sostenibles de aguas trucheras en nuestras sierras pasará por diseñar estrategias que prioricen lo social por sobre lo biológico, en donde los pescadores que integren organizaciones y grupos de cuidado de ríos, deberán desarrollar el sentido de identificación y pertenencia en todos aquellos que pasen todo o parte de su tiempo viviendo, vacacionando o haciendo lo que fuere cerca del agua en cuestión. Eso significará invertir mucho tiempo charlando, generando vínculos, informando, educando y comprometiendo; algo que, paradójicamente, ningún pescador va a preferir si puede optar, simplemente porque esto no tiene nada que ver con la esencia del pasatiempo que elige. Y por eso mismo será un reto, el próximo gran reto.

Contame qué proyectos tienen para Wenten Ecoturismo para este año

Desarrollamos con Eli –mi Esposa- WENTEN ECOTURISMO con el propósito de ofrecer actividades y programas que tuvieran en común un valor agregado fundamental, mucho más importante que los contenidos: esto tiene que ver con el tipo de trato, con el modo en que llegamos al cliente, con lo que tenemos para transmitirle y con la manera en que nos relacionamos con cada persona para lograr lo que buscamos. Esto implica una tarea compleja, con un esfuerzo intelectual y físico concretos que son imprescindibles para materializar en el destinatario el impacto de una experiencia trascendente, distinta. Es un parámetro siempre presente, no importa si estamos dando clases de lanzamiento en Casa, pescando con mosca, subiendo algún cerro o buscando alguna especie rara en una sesión de fotografía de naturaleza. Buscamos excelencia, y yo siempre he pensado que el camino para conseguirla se basa en reunir y cumplimentar lo que llamo la REGLA DE LAS 3 C : calidad humana, contenido intelectual y capacidad de transferencia. Es un proceso dinámico que nunca termina, que nunca acaba de dominarse, y al mismo tiempo, un modo serio de profesionalizar verdaderamente lo que hacemos. Formé esta concepción hace mucho tiempo, y desde entonces me he mantenido alineado con ella porque creo que es el camino. Ahora, en donde terminologías como “recursos humanos” o “calidad de servicio” están de moda y en un montón de bocas, esta idea puede sonar lógica o hasta familiar, pero cuando hablaba de conceptos como formación integral, comunicación ajustada al perfil del usuario o calidad de relación, hace 14 o 15 años, en ámbitos o a personas vinculados al turismo de nuestra provincia, estas concepciones no eran siquiera tenidas en cuenta. Hoy, las propuestas que desarrollamos a través de Wenten (pesca con mosca –excursiones y escuela- , trekkings blandos y duros, fotografía de naturaleza)desarrolladas bajo este concepto –la regla de las 3 C- van encontrando gradualmente mayor eco, porque el público que consume este tipo de programas crece y al mismo tiempo aprende a percibir y valorar otras cosas, discriminando los diferentes niveles de compromiso en lo que se brinda en lugar de meter todo en una bolsa común. Nuestra proyección pasa por seguir desarrollando lo que hacemos manteniendo inalterables nuestra pasión por la Naturaleza y por la gente, con los ingredientes y el modo distintivo que nos hemos preocupado por cimentar desde siempre.

Ing.  Fernando Beltrán
www.wentenecoturismo.com.ar
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Última actualización el Miércoles, 19 de Mayo de 2010 18:04
 

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