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Truchas
Escrito por el duende   
Domingo, 29 de Octubre de 2006 14:24

Madrugada del 7 de Octubre de 2006. El reloj despertador acusa las 3.45 a.m. Vivo en un barrio alejado del centro, por lo que el silencio de la penumbra es poco menos que absoluto. De cuando en cuando la brisa matutina agita las cortinas de mi habitación anunciando que un nuevo día está por apuntar hacia el este

No es la víspera de un día cualquiera, si no una que se repite año tras año en la misma época, donde la ansiedad y las expectativas se vuelven casi visibles, y el aire de mi cuarto se torna tan tenso que prácticamente puedo escucharlo latir en mis oídos.
Expectativas por que una nueva jornada de pesca se extiende ya a mis pies, luego de una ardua espera de meses interminables que en ocasiones parecen años.
Ansiedad por que el momento marca, como siempre, el encuentro con amigos que vibran en la misma frecuencia, al menos este día, donde las rutinas, las dudas o los cálculos se hacen a un costado del camino para cederle el paso a ese mágico momento donde atamos la primer mosca de la temporada a la punta de nuestro tippet.
Mientras estoy sumido en éstas cavilaciones mi radio despertador comienza a dar sus chirridos de costumbre a todo volumen ( chirridos son, no importa para que lado coloque la antena). De todos modos no sé para que programo la alarma, ya que siempre ocurre lo mismo, no pego un ojo…más allá de la hora a la que me acueste para estar “bien” descansado.
De un salto salgo de la cama , el bolso ya está listo desde anoche…o desde hace un rato?. Mientras me preparo un rápido desayuno puedo sentir en mi espalda la presencia de mi caña apoyada contra la pared, su mirada insistente me dice que la acosan los mismos sentimientos que a su dueño.
Ni bien dejó la taza de café sobre la mesa el timbre me avisa que Emilio ya está esperándome abajo.
Luego de cruzar los saludos de rigor nos encontramos camino a reunirnos con el resto de los integrantes de la partida, uno de los cuales ya se encuentra viajando desde Buenos Aires desde hace varias horas.
Todavía la luz del sol ni siquiera se ha insinuado cuando, mate en mano, nos encontramos rumbo al San Miguel con Diego Cardetti, Emilio Quaranta y Máximo F. Górgolas.
La conversación no decae en ningún momento, salvo cuando con las primeras luces del día cruzamos el puente sobre el río Los Espinillos; la falta de lluvias es harto evidente al observar el bajo nivel de las aguas. Es cierto, ésta va a ser una jornada difícil, con poca agua y mucha luminosidad ambiente, vamos a tener que ser muy cuidadosos al acercarnos al río si queremos pescar.
Proseguimos el viaje recopilando entre risas y nostalgias las ya viejas anécdotas de la temporada pasada y casi sin darnos cuenta , después de varias vueltas que da el camino, nos encontramos al alcance de la mano de nuestro destino. El cerro Champaquí nos saluda de frente envuelto en tintes rojizos producto de las primeras caricias de los rayos 
del sol, mientras iniciamos el descenso a la penumbra de los pinares del vale del San Miguel.
Al cruzar el vado sobre el Tabaquillos confirmamos que tampoco a llovido mucho en esta zona, pero cuando se está ya en el baile, no queda más que bailar, como dicen por ahí.
Al rededor de las 8 a.m. llegamos a nuestra meta, una hermosísima cabaña a orillas del río elegido. Después de unas algunas fotos apresuradas, caña en mano y el resto del equipo ya dispuesto descendemos hasta el agua, a inaugurar lo que será la temporada 2006/07.
Decidimos pescar río abajo los cuatro.

el río

Lo que sigue a continuación realmente no sé si cronicarlo a modo de experiencia o si contarlo desde el lado más apasionado de un mosquero.
Pocas veces en mi vida he visto un río en estado tan saludable como éste que nos daba la bienvenida. Truchas por doquier, de todos los tamaños, en pozones y correderas. Para caminar por las orillas había que hacerlo casi en puntas de pie para no molestar a los centenares de alevines que a nuestro paso huían en todas direcciones.
Sinceramente llegó un momento en él que detuvimos la pesca nada más que para observar un río en “verdadero” movimiento. Un espectáculo único.
Por supuesto que todo esto no hizo más que acrecentar nuestras ganas de querer ser parte de la fiesta, de compartir el milagro de la vida de éstos peces, descendientes de aquéllos primeros tímidos juveniles que hace ya mucho tiempo poblaron los torrentes serranos y que desde entonces viven y “sobreviven” en las aguas cordobesas.

emilio acercando

Dadas las condiciones arriba mencionadas, más la extrema claridad del agua, supimos desde el comienzo que ésta sería una pesca a trucha vista, de modo que nos preparamos técnica y anímicamente para las exigencias que nos esperaban.
Creo que existen muy pocas situaciones, como las que la pesca con mosca en Córdoba plantea, en las que se requieran tanta atención, concentración y anegación por parte del pescador para lograr el éxito con truchas verdaderamente selectivas.

el duende

Líderes largos, de tres a tres metros y medio, tippet 5x y en ocasiones 6x, fueron las claves para cobrar los mejores ejemplares.
Las moscas que utilizamos fueron ninfas en #16, #18 y #20 del tipo Prince y Pheasent tail y Goyco Destroyer en #16
En cuanto a las moscas secas las más premiadas fueron May Fly y Spinner en #20 y #22, humpy en #16 y #18 y Cadis en #20.
Las  pupas de Cadis o larvas de dípteros en #16 o #18 en anzuelos curvos nunca fallan.
Los equipos utilizados fueron 3 y 4 con líneas de flote.
Cabe destacar aquí que la captura de la apertura fue un hermoso ejemplar de Arco Iris de unos cincuenta centímetros logrado por Maxi.
El resto osciló entre los veinte y ocho y treinta y cinco centímetros, lográndose capturar de cuando en cuando alguna hembra de unos cuarenta centímetros.

emilio

La caída de la noche nos encontró agotados y satisfechos, dispuestos después de unas horas de descanso a afrontar una nueva jornada al día siguiente.
Claro que por la noche existe otro rito, casi tan milenario como la pesca: reunirse en torno al fuego bajo las estrellas a disfrutar de una buena charla después de la cena. Pero lentamente el cansancio se hace sentir y lo que comenzó como una animada conversación, poco a poco se transforma en un quedo murmullo que apenas se hace sentir por encima del follaje de los pinos, que lejos, muy arriba, suspira en el viento.
Hora de ir a dormir…
La nueva mañana nos muestra un día inmejorable, el azul del cielo contrasta como en un cuadro con el verde de las hierbas y de los cerros. El sonido del agua invita nuevamente a develar sus secretos.
Aunque las truchas siguen como ayer danzando en el río, el calor, que se hace sentir desde muy temprano nos hace dudar del éxito ésta vez.
Optamos por caminar río arriba, en un tramo por el que el río discurre entre pinares muy tupidos en ambas riberas. La pesca en las primeras horas de la mañana se presenta con características muy similares a las del día anterior logrando Emilio alternativamente con Diego las primeras capturas.

devolución
A medida que avanza la mañana la actividad se interrumpe de modo abrupto debido a la alta temperatura.
A diferencia del curso inferior, el San Miguel en su tramo superior presenta una larga secuencia de correderas de poca profundidad pero de varios centenares de metros de longitud. Dependiendo de cómo se las ataque al avanzar, río abajo o río arriba, pueden ser pescadas utilizando varias técnicas.
Realmente vale la pena invertir al menos un hora en pescar este tramo, por que si bien el porte de las truchas aquí no es el más buscado, constituye todo una delicia mosquear en los recovecos de éstas correderas.

a lo chiche

Hacia el mediodía interrumpimos la actividad para almorzar y refrescarnos.
A media tarde continuamos avanzando río arriba entre las zarzamoras de la orilla, pero a ésta hora el agua ya acusaba veinte grados por lo que nuestros queridos peces buscaron refugio en lo más recóndito de los pozos.
Decidimos entonces emprender el retorno hacia la cabaña, pero con las últimas luces, en el momento en que las sombras comienzan a alargarse sobre las rocas y el césped, nos dispusimos a intentar los últimos lances, logrando engañar muy interesantes ejemplares que fueron devueltos presurosamente al agua debido al stress producido por el calor.
Así, con las verdaderas protagonistas en escena, finalizó el fin de semana elegido para marcar el inicio de temporada en la provincia de Córdoba.
Sintiendo aquel satisfactorio cansancio que sólo se puede experimentar al sentirnos realizados, regresamos al asfalto que finalmente nos devolvería a casa….a casa?!
NO, al alberge transitorio…mi casa es el río.
Señoras y señores, el telón se ha abierto una vez más.

El duende
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Última actualización el Martes, 01 de Septiembre de 2009 16:14
 

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