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Truchas
Escrito por El Duende   
Jueves, 15 de Enero de 2009 18:50
Escondido entre las últimas estribaciones de las Altas Cumbres, tras los velos de la Pampa de Olaen y a escasos kilómetros ya del llano riojano, desciende un caudaloso río entre un lecho torturado de grandes rocas y densa vegetación a los costados.

 

Hacía mucho que no lo visitaba, por ignoto o por lejano o quizá por mero descuido de mi memoria. Lo cierto es que no recuerdo haber estado bajo las quebradas del Avalos desde hacía un largo tiempo.

Inclusive en esta oportunidad casi que lo olvido de nuevo.
No fue sino hasta pasadas las siete de la mañana del domingo 11 de Enero que me decidí a cambiar el destino elegido.
La noche anterior con mi compañero de aventura, Roberto P. Saraceno, habíamos acordado subir a las cumbres de Achala a probar con las Fontinalis cordobesas, pero ya en camino, a escasos dos mil metros del desvío que deberíamos haber tomado para acceder al destino elegido cambié súbitamente la decisión tomada.
Indiqué a Roberto que girara a la derecha, es decir, el sentido contrario con respecto a Achala.
-Donde vamos? –preguntó-
-Vamos al Avalos, tengo un presentimiento.
Mi compañero no conocía este lugar, y con hambre de descubrir nuevos secretos no puso objeciones al cambio de rumbo.
Arribamos al nuevo destino apenas pasadas las nueve.
En una mañana inmejorable, acariciados por una brisa suave saturada con los aromas del Enero cordobés y matizada con los cantos tempraneros de las cigarras que anunciaban una jornada calurosa, nos dispusimos a armar nuestros equipos.
Apenas llegados recibimos la visita del guarda pesca de la zona, el señor Gustavo Pérez, el cual, luego del correspondiente control de rigor, nos comentaba en el transcurso de una cálida conversación que había lindas truchas pero que íbamos a tener que armarnos de paciencia por que el río estaba con mucha agua y difícil de pescar.
Decidí entonces alargar hasta los tres metros mi líder y até en el extremo del tippet una ninfa lastrada…bastante lastrada a decir verdad.

Caminamos río arriba unos cuatrocientos metros, no sé si movidos por el instinto o por la atracción casi hipnótica que ejerce la quebrada por donde baja el río.
Subimos hasta llegar a una curva por donde el agua desciende en una pendiente suave, con vegetación en las orillas. Fue allí donde decidí realizar mi primer lanzamiento y donde conseguí la primera captura del día. Una hermosísima hembra, aguerrida y bien difícil de arrimar. Volvió al agua inmediatamente y seguimos pescando la corredera siguiente.
Así transcurrieron unos treinta o cuarenta minutos, con capturas esporádicas pero de buen porte.

Seguimos avanzando hasta llegar al ingreso de la quebrada, y momentos antes de perdernos en tan intimidante paisaje, donde vegetación y grandes rocas, compuesta por Molles y granitos inmensos compiten entre sí para llegar primero al agua mientras se dan vida mutuamente, divisé lo que resultó ser el refugio, el hogar o el apostadero de una tremenda Arco Iris, que a estas alturas, mientras escribo, se ha convertido en una de mis capturas más importantes. No ya por su tamaño…poco menos que bestial, sino por la forma en que fue intuída su presencia. En una corredera rápida, de un metro de profundidad, que se desprendía bien al costado de la corriente principal, pegada a la orilla y con la sombra de un mimbre matizando la escena. No podía fallar, comida en abundancia, refugio inmejorable y oxígeno de sobra, allí tenía que habitar un magnífico salmónido.
Me fui frustrando poco a poco, lanzamiento tras lanzamiento, al no obtener respuesta del supuesto pez que teóricamente habitaba o bien el lugar o bien mis fantasías mas descabelladas. Cuando estaba a punto de desistir me acordé del famoso “tres tiros más y me voy”. Resumiendo: al tercer lanzamiento la línea se frenó de golpe, levanté la caña suavemente y en una fracción de segundo tenía clavado el monstruo que tanto había imaginado durante los instantes previos.
Sabía que era grande por los cabezasos que daba la caña pero no podía verla…todavía, hasta que tuvo la feliz idea de mostrar su lomo justo por encima de la superficie.
La lucha fue tensa e intensa. No quería perderla pero tampoco la quería cansar demasiado y el tippet que estaba usando era una magro 6x. En conclusión, tuve que prepotearla un poco a riesgo de cortar, para colmo la corriente no me ayudaba en nada.
Con un poco de destreza y mucho de suerte, por gracia Divina, pude arrimarla y sostener este milagro entre mis manos por un momento.
Un par de fotografías y al agua otra vez.

Imposible seguir pescando inmediatamente. En momentos como este uno recopila información en su memoria en un acto casi inconciente. Intentamos guardar el recuerdo lo más vívido posible. Sabiendo que indefectiblemente algo se perderá entre las brumas del tiempo.
Hacia el mediodía nos detuvimos a almorzar sobre una de las grandes rocas que pueblan el lecho del río, ésta fue elegida especialmente, por que en esta región de las sierras, en el mes de Enero tiene lugar el festival provincial del ofidio, por decirlo de manera metafórica. O lo que es lo mismo, está lleno de víboras literalmente hablando.
Hacia media tarde y ya en pleno corazón de la quebrada seguimos pescando. Siempre trepando y caminando por el agua todo lo posible debido a la cuestión “serpientes” mencionada más arriba.
La pesca en general como nos había adelantado Gustavo, estuvo difícil: mucha agua, mucha corriente. Situación nada favorable. Pero con todo, entre Roberto y yo fuimos alternando capturas más que interesantes.

Siempre del mismo modo, tanto en las correderas como en los flats, arrojando siempre a las sombras de la orilla, y teniendo que insistir varias veces en el mismo lugar hasta que algunas de las “susodichas” se dignase a tomar nuestra mosca.
Pese a que vimos gran número de eclosiones y unas caddis de proporciones patagónicas, por no decir “enormes”, nos llamó la atención no ver ni las más mínima actividad en la superficie. Ni una sola tomada, ni un solo rice…nada.
Todas las truchas fueron víctimas de artificiales bien lastrados del tipo Phaisant tail, Hare`s ears, y la estrella del día fue la tan mentada Odonata.
Hacia el final de la tarde me separé de Roberto un centenar de metros, hasta llegar a un pozón de considerables proporciones y de aguas muy quedas. Allí cobré las últimas truchas del día y estaba decidido a subir un poco más por el cañadón pero justo en ese momento sentí una sensación muy extraña. Quizá fue el hecho de haber estado caminando el lecho del río solo durante un buen rato, pero me invadió una sensación de soledad que nunca antes había experimentado. El zumbido del viento nacido del roce de éste con la línea siempre me produce la sensación de haber quedado solo en el mundo mientras todos se han dormido. Sumada a esta sensación me pareció que de las profundidades del pozo surgía una voz que sólo escuchaba en mi interior, y que en un murmullo tranquilo pero firme y perentorio me sugería que me fuese. No lo pensé dos veces, recogí la línea y emprendí la retirada hacia el encuentro con mi compañero.

Al encontrarnos decidimos volver al auto. Pegamos la vuelta ya cuando la penumbra del cañón comenzaba a alargarse y rodearnos, en aquel breve instante en que lo menor, nos, los pescadores, se impregna del esplendor de los vastos telones de fondo.  
                                                         Texto: Enrique de Goycoechea            
                                                         Fotos: Roberto P. Saraceno
Comentarios (3)
  • amsur  - Rio Avalos Pescando las sombras
    muy bueno todo
  • amsur  - Rìo los Avalos pescando las sombras
    Excelente nota excelente Rìo
  • amsur  - Rìo Avalos - Pescando las sombras
    no puedo ver las imagenes pese a que desactive los pop y anti-spam
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Última actualización el Martes, 01 de Septiembre de 2009 14:56
 

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