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Truchas
Escrito por Hernan Lovera   
Viernes, 24 de Octubre de 2008 15:37
Luego de varios fines de semana con lluvia o amenaza de lluvia, nos decidimos con Santiago (Gattica), un amigo y flamante pescador con mosca, visitar nuestro tan querido Río Perdicitas. La cita fue el 18 de octubre pasado.

 

El reloj tocó a las 5:15 hs. Sólo 10 minutos me bastaron para vestirme y aprontarme a desayunar, dada la gran ansiedad que tenía.
Ya en la ruta a las 6:00 hs. Comenzamos los mates y la clásica charla recordando salidas anteriores y augurando la que íbamos a enfrentar. Para Santiago iba a ser su primera experiencia en éste río, así que su ansiedad se confundía con incertidumbre.
Al llegar al puente del Guacha Corral, nos sorprendimos al ver unos manchones de nieve a la vera del camino y del río. Todo hacía pensar que había sido una noche realmente fría.
Llegamos al vado del Río Perdicitas aproximadamente a las 9:30 de la mañana. La última parte del camino estaba realmente en muy mal estado. El río se presentaba con un caudal aceptable. Si bien podría considerarse un caudal bajo, aún las correderas clásicas de éste río tenían una buena corriente. Aunque estaría necesitando alguna lluvia como para limpiar el lecho.

El día se presentaba soleado, con cielo despejado pero bastante viento del sector norte. Todo auguraba una buena jornada de pesca.
Como siempre la duda inicial fue: pescar arriba (mosca seca) o abajo (ninfas)…???.
Yo me decidí por una Humpy roja, mientras que Santiago prefirió una ninfa atractora y ató una Prince en anzuelo #14.
Desde lo alto de algunas de las piedras alejadas del río no pudimos ver ni una trucha, y nada de actividad en superficie, a pesar de ver varias mayfly revoloteando (probablemente desovando) sobre la superficie del agua. Lo cual nos preocupó, al menos un instante ver tanta tranquilidad en el agua.
Santiago comenzó en uno de los pozos clásicos, que nunca falla, sin resultados. Luego intenté yo con seca en el mismo sitio con la misma “suerte” (o mala suerte). Sin desanimarnos, fuimos recorriendo los siguientes pozones, hasta que logro hacer subir una “gorda” medianita muy pigmentada, que dio una buena pelea. Ya en el copo, pudimos apreciar que se encontraba en un muy buen estado y muy buena coloración. Todo parece que se recuperaron bien luego del reciente desove.

Dado que me costaba tentarlas en superficie, decidí cambiar por una ninfa. Coloqué una Chimarra, atada el fin de semana anterior a la salida. No demoró en hacer notar las bondades de su efectividad. Dejando profundizar unos segundos y recogiendo muy despacio con tirones irregulares, fue notable con la violencia que tomaban esta mosca, que fue realmente notable de la manera que pescó.


Por su lado, Santiago cambió la Prince por una Woolly Worm marrón en anzuelo #14, y el pique no se hizo esperar. Enseguida prendió un hermoso macho también notablemente pigmentado.

Parecía como si se hubiesen activado de un momento a otro, pero la cuestión es que los piques comenzaron a sucederse uno tras otro.
Lo llamativo fue, que en los pozones no se veía una trucha, pero era suficiente hacer pasar las moscas con delicadeza por la proximidad de las piedras del fondo, que seguro que alguna trucha se lanzaba al ataque en el momento menos pensado.

Así el día fue transcurriendo, y cuando quisimos acordar eran ya las 16 hs., y aún sin almorzar. Así que emprendimos la caminata de regreso hasta donde habíamos dejado el vehículo. Hicimos algunos intentos más, en algunos sectores que habíamos pasado de largo, pero ya con mucho menor resultado. Tal vez el descenso de la temperatura jugó un papel fundamental en este hecho.
Luego de un reconfortante almuerzo, desandamos el camino que nos había llevado hasta tan maravilloso lugar y emprendimos el regreso a Río Cuarto. Como es de costumbre, con todo el deseo de regresar a la brevedad.

Hernán Lovera
Santiago Gattica

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Última actualización el Martes, 01 de Septiembre de 2009 16:28
 

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