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Asociacion Platense de Pesca Con Mosca

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Dorados
Escrito por Quique   
Domingo, 18 de Noviembre de 2007 21:28

Mi primera experiencia con los Dorados...

Hacía mucho tiempo ya que venían hablándome de la extraordinaria sensación que se experimentaba al tener un dorado enfurecido en el extremo del líder, prendido a tu mosca y debatiéndose por su vida.
Por un motivo determinado a veces, por alguna razón en particular en otras ocasiones…en fin, más allá de cuales hayan sido las causas, tengo que decir que durante varios años pospuse de modo indefinido las sucesivas oportunidades que se me fueron presentando de pescar dorados con mosca.

Dorado QuiqueNo fue sino hasta hace un par de meses atrás que volvió a surgir una posibilidad y esta vez me decidí…iríamos con todo el equipo de conmosca a La Paz, localidad que por supuesto no conocía.
Recuerdo que una noche, al acostarme, me dije que no terminaría este año sin haber mojado mis pies en las aguas del Río Paraná. Contra toda adversidad que pudiera presentarse…aún a riesgo de perder mi trabajo.
No recuerdo haber sentido tal determinación el pasado.
Así  es que el último 02 de Noviembre a las cuatro de la tarde estaba subiéndome con Juanito y su familia al colectivo que me acercaría hasta el campo de juego o al campo de batalla…como resultó ser al final.

El lunes anterior tuve una conversación con mi jefe:
_Che Daniel este viernes voy a venir a la mañana.
_Como?
_ Sí, de nueve a tres de la tarde.
_ No Quique, imposible…te necesito en tu horario.
_Okey, entonces mañana les estoy mandando el telegrama de renuncia
_Como?! Vos sos conciente de lo que estás diciendo?
_ Si, sigo el consejo que me diste cuando empezé a trabajar acá.
_ Que consejo?
_ Me preguntaste que haría si no tuviera miedo…bueno, lo que estoy haciendo. Así que o no vengo nunca más o te falto el viernes a la tarde.
_ Bueno….tomate el viernes a la tarde…que querés que te diga.


Así que gracias a esta conversación extorsiva y suicida el sábado a la una de la mañana estaba llegando al litoral Argentino….de una vez por todas y para siempre.
Luego de “dormitar” unas horas en el hotel, a las ocho de la mañana, y casi sin darme cuenta, estábamos embarcando en la lancha los equipos de pesca, filmadoras, cámaras fotográficas y mochilas.
En un día inmejorable partimos hacia la aventura, y en lo que a mi respecta, a lo ABSOLUTAMENTE desconocido.
Para ser sincero, mis expectativas no iban más allá de poder enganchar un par de doraditos juguetones, sabiendo que como en toda primer experiencia los pescadores tenemos que pagar el derecho de piso. De todos modos yo ya estaba ahí…y eso ya era demasiado.
Al tiempo de estar navegando en río abierto, nuestro guía torció la embarcación hacia la derecha…nunca jamás en mi vida imaginé lo que estaba por vivir.



Entramos en un estrecho y sinuoso arroyo…donde los camalotes, las enredaderas y la luz del sol filtrándose en un sin fin de árboles a los que ni siquiera les conocía el nombre me dejaron con la mirada extasiada…igual que un niño que mira algo por primera vez.
Literalmente mareados por tal profusión de verde y vida y por la gran cantidad de aromas que emborrachaban el aire salimos nuevamente a plena luz del día donde hicimos la primera parada.
Atontado por los nervios y la ansiedad casi no sabía como actuar…una sensación de verdad muy extraña.
Como si estuviese por rendir examen preparé mi equipo y los primeros lances los hice desde el bote, mientras que Juan y Seba desde la costa cobraban los primeros doradillos…el éxtasis comenzaba a despuntar.


Con mucha timidez comenzé a castear. Al principio los lanzamientos eran muy cortos…..y para colmo de males el guía no me sacaba los ojos de encima….me acuerdó que pensé: este que mira….seguramente estará harto de ver a principiantes ingenuos.
Tan enfrascado estaba en estos pensamientos que casi ni me dí cuenta que un dorado había tomado mi mosca…..cuando reaccioné ya era tarde….se había ido…pero mi corazón ya latía diferente y mis piernas acusaban la emoción con aquel imperceptible temblor que ya conozco tan bien.
Me dije: bien Quique, se te fue, pero si te tomó la mosca es por que estabas haciendo lo correcto…


Durante los cuarenta minutos siguientes perdí cinco piques más…imposible describir el torbellino de cosas que pasaban por mi cabeza.
En eso estaba yo cuando nuestro guía se levantó de donde estaba recostado, observándome. Con el rabillo del ojo pude ver que venía a mi encuentro…que momento…cuando llegó hasta donde yo estaba me miró y sin mayores ceremonias me dijo: _ estás haciendo derivar bien la mosca pero estás fallando en la clavada. No lo hagas con la caña. Clavalo con la mano y vas a ver……
BIEN….al próximo dorado que me subió lo clavé con tanta furia que saltó casi un metro fuera del agua.
Señores…había debutado con los dorados. Yo ya estaba absolutamente satisfecho
Creo que nunca en su vida un guía recibió tantas gracias y alabanzas…literalmente lo asqueé de agradecimientos.
Al poco rato y mientras aún estaba recopilando en mi memoria los momentos vividos con mi primer dorado, decidimos seguir el consejo de nuestro anfitrión y en seguida embarcamos de nuevo.
Esta vez el viaje no fue muy largo pero como dije recién, el éxtasis apenas estaba comenzando.
Desembarcamos en una corredera de unos cuarenta metros de ancho aproximadamente.
Quizás es posible que la correntada me haya ayudado a clavar los dorados, pero lo cierto es que apenas hice mi primer lanzamiento un terrible dorado tensó mí línea y mis nervios también. Esta vez me costó más arrimarlo, ya que era más grande que el anterior. Al momento después de devolverlo lanzé nuevamente y casi enseguida, sin entender que había pasado ví como un pez más grande todavía me arrancaba treinta metros de línea en apenas tres segundos.

Después de varios minutos de lucha pude vencerlo finalmente pero honestamente tuve que parar la pesca un buen rato, no solo por que tenía los brazos casi acalambrados, sino también por que de la emoción hasta me costaba hablar.
Apenas metabolizada mi adrenalina me dispuse a pescar nuevamente…. Pero realmente debería haber descansado un poco más, por que el dorado que salió a mi encuentro esta vez superaba con mucho las fuerzas que me quedaban. Con los brazos y los hombros casi inutilizados apoyé mi vara contra la boca del esternón pero mis muñecas ya totalmente vencidas apenas podían sostener la lucha.
Cuando el guía se nos acercó le pedí por favor que me ayudara a sacarlo, pero con una sonrisa de oreja a oreja me dijo tranquilamente que NO…que la pieza era mía.
Así que con lo último que me quedaba de energía y los gritos de aliento de Juan y Sebastián pude finalmente tomarlo de la cola.
Que más podía pedir? Había debutado con el “Tigre de los Ríos”, en aguas totalmente desconocidas para mí, en un paisaje que por momentos me recuerda a como deber haber sido el mundo en un tiempo anterior al tiempo. En un río que existe desde antes que se contaran los años.


Por la tarde volví a temblar, pero esta vez de miedo…ya que una terrible tormenta nos alcanzó en cosa de minutos. Jamás ví caer el agua a ciento ochenta grados con respecto al suelo y el viento como me enteré después había rondado los cien kilómetros por hora. Gracias a Dios no duró más de diez minutos por que otra hubiera sido la historia de este relato…o directamente otra hubiera sido la historia de su autor.
Lo bueno es que también gracias al Barba querido cuento con compañeros en donde cada aventura vivida en el río, sea en el litoral, en Córdoba o en nuestra amada Patagonia, no hace más que estrechar los lazos de aquellos que aunque vivamos a cientos de kilómetros de distancia sentimos exactamente lo mismo por esta tierra.
Durante el domingo la pesca fue algo más tranquila, solo me quedaba cumplir con otro pequeño sueño: sentarme a orillas del gran río, a contemplar mientras cae el sol, a los amigos que realizan los últimos lances de sus líneas en la esperanza de retornar nuevamente a la Gloria eterna del Paraná….y ese sueño también quiso la suerte hacerlo realidad.


Enrique de Goycoechea
(El Duende)
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Última actualización el Martes, 01 de Septiembre de 2009 15:51
 

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